20 de octubre, viernes. Jardín de aforismos: arriate



Recuérdame lo que pensé entonces de la atmósfera, le dice el canto rodado a la ola que acaba de abandonarlo en la playa, ojalá supiera echar de menos.

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La oscuridad de la noche es incomprensible hasta que la rompen las primeras luces del día. Sin ese sinsentido, desconocería sus límites el sentido.

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Solo disponían de una copa. Compartirla era un acto hermoso, pero impedía brindar. Es todo lo que sacaron en claro.

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De conversación con los guijarros, las botas me llevaban más alegres hasta la estación. Desde que asfaltaron el camino solo oigo leves gemidos apesadumbrados.

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En un abrazo las manos, de repente, se sienten castigadas de cara a la pared.

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Lo que florece los brotes, reverdece la hierba y canta en las fuentes de los parques urbanos es la necesidad de recuerdos.

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Dentro del cubo donde lo lanza, el pez recién atrapado salta y se retuerce encarándose a su destino. Sentado sobre la lona de una silla de tijera el pescador de caña no consigue comprender el mensaje.