Cómo añoro el «Vuelva usted
mañana» de los tiempos de Larra e incluso de hace unos años. Ahora, el hecho de
sentarse ante un funcionario de la administración, aunque sea para escuchar
«vuelve en tal fecha, dentro de tres meses», resulta una quimera. Con esa
ingenuidad que caracteriza a los usuarios, desde Larra hasta hoy, el
contribuyente se acerca a la institución y un uniformado de seguridad de
repente le sitúa en la realidad: «No se puede pasar. Solo con cita previa».
Vuelve a casa, abre el ordenador, clica Cita
Previa, pero no hay citas disponibles. Ni ese día. Ni esa semana. Ni ese
mes. Ni ese año. Nunca. Repite la operación un número indeterminado de
ocasiones, pero el aplicativo es más tozudo que él. Intenta acceder a algún lugar
de la página informática donde contactar con alguien, realizar alguna gestión,
pero Internet ha vuelto a los años 90, cuando era un mero escaparate de
postales. Son dos cuestiones diferentes —el bloqueo de la administración y la
red del presente, que ha cerrado por completo todas las aperturas a las que nos
había acostumbrado en la primera década del siglo—, pero no solo se han aliado,
se han hermanado en el nuevo hermetismo de la época.
[Epigrama VI-08]
