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20 de julio, lunes. Jardín de aforismos



El deseo tiene similitudes con el colesterol. Lo hay bueno y lo hay malo, y este se incrementa también con la ingesta descontrolada de grasas. Mentales.

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La exposición a la que cada cual somete su yo da una idea de su tamaño. Este nunca ha sido el problema. Que ahora sea una exigencia de los demás para admirarle, empieza a serlo.

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Cada época tiene su código poético y artístico. Saltárselo es como brincar sobre su tiempo, aunque raras veces se consiga saber si la jugada ha valido la pena o no.

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Hay quien tiene una moral y quien solo tiene moral. Las palabras juegan siempre con nosotros.

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Conozco expresiones difíciles de experimentar. Tiene prestigio y me seduce el vivir a la intemperie, pero a la hora de la verdad, en cuanto chispea, abro el paraguas.

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En las películas (norteamericanas) oigo cada vez con más frecuencia la atribución de un mal a las malas decisiones. Me parece un abuso del término: el desastre suele estar relacionado solo con la ausencia de decisiones.

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Es un atraso que «libido» sea una palabra llana, la pronunciación esdrújula aumenta considerablemente su atractivo.

20 de junio, sábado. Jardín de aforismos



Qué inútil queda lo valioso de cada época —la memoria, la caligrafía, la lectura, el silencio—. Ni siquiera los anticuarios exageran su precio cuando lo ponen a la venta.

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En la juventud traumatizan los defectos de carácter que, en el curso de la vida, ahorran traumas mayores.

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Quien pronostica en exceso se suele reír de quien añora tiempos pretéritos, pero ambos padecen de idéntica sinsustancia de presente.

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Cuanto más aprende uno a vivir, más se ejercita también en su despedida. De ahí que sea esta una materia que no se imparte en ninguna escuela.

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Añoro la época en la que lo imaginario y fantasioso era considerado pernicioso para la verdad; que ahora resulte inocuo la debilita.

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Lo importuno avisa con su sobresalto de que aún no somos capaces, felizmente, de controlarlo todo.

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El límite que un cuesco establecía en las relaciones sociales ha quedado relegado a lo anecdótico.

20 de mayo, miércoles. Jardín de aforismos



Mirar algo y ver su metáfora no es lo mismo que mirar una metáfora y entrever algo diferente. El primer caso es lo razonable; el segundo, lo irrazonable.

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La polémica admite todas las opciones menos una, la de permanecer callado.

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La claridad es el vestido de la desnudez de quien en lo oscuro se desviste.

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La estructura semicircular del teatro griego pretende anular las diferentes perspectivas en el juicio de la obra. Cuando parece que no lo consigue es cuando mejor lo logra.

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Ahí donde rige la fijeza del conjunto aumenta la mutabilidad del resorte que lo fija.

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Que sentirse una persona de su tiempo esté bien visto por el resto explica lo difícil que resulta comprender la idea de caducidad.

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Entre uno mismo y el otro no hay nunca idéntica distancia que entre el otro y uno mismo.

20 de abril, lunes. Jardín de aforismos



Quien recoge conchas en la playa y con el dedo limpia la arena para guardarlas después en un tarro de cristal no siempre es consciente de que ha encerrado un símbolo.

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Dar siete pasos y detenerse solo resulta relevante si se ha realizado para dar inicio a una declaración amorosa.

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Una vez que el universo se destruya, no le quedará más remedio que crearse de nuevo, igual que cuando cierra un comercio abre otro.

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Estuve esperando a que llegara el técnico del ascensor para conocerlo. Pero verlo no me produjo ninguna impresión especial, pese a lo mucho que le deben mis ritos.

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El constante avance en la medida del tiempo, dando a conocer con exactitud sus diminutas pariciones, contribuye a acortar peligrosamente el espacio entre inspiraciones.

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Pese a la proliferación de grandes almacenes y centros comerciales no entiendo por qué no se dice ya subir a los infiernos.

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¿En qué se habrán transformado los dioses guerreros de las civilizaciones antiguas?

20 de marzo, viernes. Jardín de aforismos



Que no sea verdad es un atributo frecuente de la verdad.

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La circularidad no conduce al origen, sino a otro final diferente al esperado.

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El significado que no existe incentiva la ocurrencia.

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En lo ininteligible se puede comprender lo que uno desee. Es una suerte de inteligibilidad a la carta.

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La extinción de los seres humanos solo preocupa a caracteres hiperbólicos. Los más sensatos se conforman con alargar el propio devenir.

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Los puntos ciegos en un espacio se apropian fraudulentamente de la noción de inexistencia.

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Hay entes que solo pueden existir ante un testigo; para empezar —y quizá también para acabar—, el yo.

20 de febrero, viernes. Jardín de aforismos


Añoro la vieja disputa entre «conocer» y «existir», le dice el tigre enjaulado al poeta que toma notas en su cuaderno de bolsillo.

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Llego a la puerta del supermercado y se abre sola ante mi presencia. Hace mil años se me consideraría un mago y ahora ni siquiera sé cómo funciona un sensor. Tampoco estoy tan lejos.

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«Preparo un paper», oigo que le dice un científico a otro.

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El concepto «dominación de la naturaleza», que tanto furor levantó en otras épocas, está de capa caída. Hay quien se daría golpes en el pecho si lograra un pacto.

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Lo irracional es uno de los productos estrella de la razón.

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¿Cuánto tiempo se pierde en solucionar dilemas morales de cuyo planteamiento los adolescentes coetáneos ya ni siquiera han oído hablar?

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Quienes se preocupaban en otros momentos por una crisis de valores apelaban siempre a la renovación espiritual. Qué ternura despierta esta palabra. Es como encontrar perdida en un cajón la fotografía del bebé que una vez fue uno.

20 de enero, martes. Jardín de aforismos


Antes de la entrevista, ¿tomar un café con el entrevistado es más útil que tomarlo con el entrevistador?

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En otra época los libros que no se leían quedaban orgullosamente intonsos, ahora ya no saben cómo disimular su inutilidad.

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Frente a una crítica literaria que se considera injusta, ¿cabe recurso de apelación?

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¿Quién ha dicho que una feria del libro no tiene norias gigantes ni autos de choque?

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Me encantaría que alguien que me conociera poco, solo de saludarnos al pasar, escribiera cada noche las entradas de mi diario.

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Con frecuencia me pregunto qué ha perdido el arte fotográfico con la desaparición de los negativos. Y si esa pérdida se puede extrapolar a la escritura.

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La distancia a la que el lector abandona su teléfono móvil es directamente proporcional al número de páginas que va a leer esa tarde.

20 de diciembre, sábado. Jardín de aforismos



Rara vez se conoce lo auténticamente real de cualquier hecho de la realidad. Incluso de los más triviales. Si no fuera así, la literatura, incluso la más trivial, resultaría prescindible.

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Se suelen buscar los argumentos de la realidad en lo real, cuando la mayor parte de las veces quien actúa lo hace con la mirada puesta en otra parte.

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Una hoja de papel sirve tanto para escribir un poema como para hacer una pajarita. La realidad, con frecuencia, admite este símil para sí misma.

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El sustantivo realidad disfruta con una adjetivación variada. La realidad suele ser menos explícita.

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Escribir compulsivamente sobre la realidad con frecuencia se convierte en un descuido de lo real.

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¿La realidad, modela o se modela? Casi nunca la respuesta resulta real.

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Entre los objetos de deseo clásicos se suelen citar solo metonimias de la realidad, es decir, sus minoraciones.

20 de noviembre, jueves | Jardín de aforismos



En la arquitectura de los textos cada vez es más frecuente que se queden a la vista los forjados, sin tabiques entre un piso y otro, y en medio un pequeño fuego encendido donde se calienta un pensamiento.

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La inocencia de una vieja fábrica abandonada en un paraje natural consigue que la perdone.

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La mano que abre una puerta solo es un símbolo para su amante.

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A la firma siempre la acompaña un silencio. Es una buena razón para no personalizarlo todo tanto.

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Los libros de historia, si solo contaran lo que ha sucedido, aligerarían bastante su volumen.

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Si la luna puede ser la luna de vez en cuando, no comprendo la inflexibilidad de los códigos morales.

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Que los fantasmas no existan solo es verdad ahí donde hay fantasmas.

20 de octubre, lunes. Jardín de aforismos



Cada día tacho las tareas pendientes de la jornada. Y al día siguiente aparece delante la misma lista. Solo la constancia sueña con innovar.

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A veces una melodía interpretada en un piano se escapa por una ventana abierta, pero enseguida se da cuenta y regresa al interior.

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Acerco el papel que acabo de escribir a la luz que entra por la claraboya, pero no para leerlo yo, que antes ya lo leía bien.

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Lo que cada día es igual y lo que cada día es distinto no son, en realidad, categorías diferentes.

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Una sábana y una página solo son incompatibles desde el punto de vista de la memoria. Lo escrito sobre el papel se olvida mucho antes.

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El esfuerzo por pronunciar correctamente ciertas palabras nunca es recompensado con una mejor comunicación.

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Hay quien colecciona solo el número uno de cualquier publicación que aparezca, sea cual sea el asunto que trate. No veo mejor manera de transitar por la realidad sin enterarse de nada. 

20 de septiembre, sábado. Jardín de aforismos



La luna, acodada en la ventana, se contempla en el reflejo del cristal. El perro duerme. Los gatos regresan de su excursión nocturna. En sus camerinos, los pájaros de la última camada repasan en silencio la partitura del amanecer. Las rosas trabajan dentro del taller de sus raíces en el color que dominará el día.

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La tormenta se acerca con pasos oscuros e imprecaciones lumínicas por el oeste. La realidad la contempla con desconfianza.

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Después de años de devastación por la cochinilla del carmín, las chumberas florecen con exageración, con brotes en cada rincón de las palas. Lo anoto como un argumento optimista.

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El mejor plan para el día es carecer de propósitos en la salida. Nada hay tan creativo como improvisar. Lo planeado, ya ha ocurrido en lo previsto.

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Duermo con el silencio de los pájaros y sus cánticos también despiertan los míos.

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Los días de lluvia son ideales para caminar por el paseo marítimo. Solo hay que compartirlo con las gaviotas.

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Después de pronunciada una palabra, cobra sentido cuando se escenifica. 


20 de agosto, miércoles. Jardín de aforismos



No creo que pueda uno sentarse al borde del andén y tratar de vislumbrar el punto donde las dos vías ferroviarias se unen a lo lejos mientras se padece una alteración nerviosa.

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Lo triste de llamar a la puerta desde el interior es que afuera, normalmente, no hay nadie a quien abrir.

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Me pregunto en ocasiones, cuando no tengo nada mejor en qué pensar, por la opinión que le merece al temperamento metafísico un súbito escalofrío.

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Subirse al tren no es, exactamente, partir. Para partir es necesario que alguien se quede en pie sobre el andén viendo cómo la otra persona desaparece.

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Las palabras que poseen un opuesto se pirran por emparejarse y pasear juntas. Tipo: música callada; tipo: rufián bondadoso; tipo: jovial tristeza.

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No es cierto que el viento, al soplar, llame en concreto a una ventana. Cuando parece insistir como un enamorado, solo pasa por el lugar casualmente.

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Hay quien prefiere abandonar antes el cuarto del encuentro furtivo. En los ensueños, nunca me he visto a mí mismo irme en primer lugar. 

20 de julio, domingo. Jardín de aforismos



Hay vida antes de la nada, posiblemente la misma que haya después. Igual que ocurre con los carteles publicitarios en el margen de la carretera.

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Mirar el cielo en un espejo posiblemente delate un terrero húmedo en exceso e incómodo para tumbarse.

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Habrá quien se esté enriqueciendo con el negocio de empeños del ser. 

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Cada vez que un lector concluye el libro, acaba la historia.

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Que no exista alero donde posarse, eso sí apena.

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Las plagas de significado no siempre se resuelven con las trampas de los significantes.

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Cuando desaparezcan las tabernas, ¿dónde acudirán de incógnito los metafísicos?

20 de junio, viernes. Jardín de aforismos



Reconozco el itinerario de memoria, pero sigo contando las paradas del autobús para saber dónde he de bajar como si estuviera en una ciudad desconocida.

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Al caminar leo los rótulos de los comercios para encontrar tipografías feas o mal resueltas con las que pelearme.

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Doy un paseo perimetral por el parque, pegado a las rejas para imaginar que estoy dentro de lo que encierra.

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Que la palabra «cita» nombre una frase sapiencial y un encuentro íntimo entre personas desconocidas no puede haber sido fruto de la casualidad.

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Si a las terrazas de los bares las denomináramos «parterres» mejoraría mucho el aspecto fantasioso de la ciudad.

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Que nadie se fije en personas cuyo aspecto carece de cualquier tipo de atracción se debe solo a que no se conoce su nombre. 

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Me pregunto si en los desiertos también se producen espejismos temporales. 

20 de mayo, martes | Jardín de aforismos


El ir variando los puntos de vista sobre aquello de lo que se trata era una característica obvia del pensamiento que ya solo se mantiene como exigencia a los entrenadores de fútbol en crisis de resultados.

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Hay quien ve personas asomadas a ventanas ciegas. Lo sé de primera mano.

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Si no me imagino antes a un pensador con las manos en los bolsillos, prefiero no leerlo.

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Los invernaderos comenzaron como un apaño en un extremo de la finca, que ahora conserva un pequeño cuadrado de campo al aire libre como mera nostalgia.

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En los libros de los filósofos más transparentes se cuelan de vez en cuando voces cotidianas cuyo eco ha amplificado un patio de vecindad.

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Nunca he sabido leer con precisión las informaciones de una brújula, pero eso no impide que me acompañe siempre una en el macuto.

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Ya solo compran muebles viejos las personas adineradas cuando quienes los venden se pirran por adquirirlos nuevos. 

20 de abril, domingo. Jardín de aforismos


¿Qué tendrá el «tiempo» que siendo el segundo concepto más aborrecido por los pensadores, prescindir de su concurrencia conduce directamente al primero?

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Lo que aprecio del concepto de «dédalo» es que relega a segundo término cualquier aspecto temporal.

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Con frecuencia me pregunto qué sentido tiene crear un itinerario en el tiempo. ¿Servirá también para conocerlo?

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Cuando paseo por el parque no sé si soy un vehículo propulsado por gasolina o por electricidad. Los guijarros del sendero, al crujir, me sugieren lo primero, pero la mirada parece enchufada a una batería vegetal. Tal vez sea del tipo híbrido.

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Cuando al conducir por la ciudad encuentro carteles luminosos que indican: «Tal Lugar a 12 minutos» siento una irreprimible tentación de detenerme en una esquina para, doce minutos más tarde, sentirme ultrajado por una mentira.

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No sé qué hacer con la colección de mapas de ciudades visitadas que guardo en una caja de cartón. Cuando la abro echo en falta aquellos de los lugares donde me guio el teléfono móvil.

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Ya tengo título para mi próximo libro: Acontecer y espacio. Ahora puedo empezar a escribir otro.

20 de marzo, jueves. Jardín de aforismos


Ojalá acabar de escribir un libro fuera como terminar de leerlo, se cierra, se aloja en un estante y se pasa a otra cosa.

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Cada vez hay menos vidas novelescas debido al afán autobiografista de los escritores.

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La antigua controversia entre quienes pensaban que el presente se construía con el pasado y los que abogaban por apostarlo todo al futuro se ha cancelado con la desaparición de ambos puntos de referencia.

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En las nuevas líneas de metro, sin conductor dentro de la cabina, se inspiran las modas literarias. 

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Las pantallas solo son el grado uno de la suplantación de la realidad por artilugios que sustituyen el consumo de tiempo por el cobro de una tarifa.

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Tal vez haya sido siempre así, pero solo ahora da la impresión de que cualquier descripción de la sociedad es un autorretrato. 

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Cuando en un debate se apela a la «razón» —para entender lo que se defiende— hay que traducir el término por «interés propio».

20 de febrero, jueves. Jardín de aforismos



Quien guardaba silencio sobre los conocimientos que había adquirido era una figura cultural relevante. Ahora solo se aprecia a los que no paran de hablar sobre lo que no saben nada.

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Me estimula oír discursos que expresen sus razonamientos entre líneas. La literalidad aburre.

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Ignoro por qué la cicuta tiene peor prensa que la mentira. 

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No sé qué es peor, si tratar con indiferencia los asuntos relevantes o empeñarse a fondo en las nimiedades. 

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Que no sea fácil distinguir al ambicioso del altruista no favorece a la cultura.

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El único mensaje que se atiende en la época es el de quien promete que con él empeorarán las cosas.

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Se denomina civilización al cuidado con el que los predadores tratan a las presas. Aunque se advierten por todas partes signos de fatiga en el propósito.

 

20 de enero, lunes. Jardín de aforismos


Añoro el tiempo en el que las objeciones no favorecían a quien las formulaba.

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Todo lo que los pensadores antiguos calificaron como trágico es para el presente una fuente de perpetua comedia.

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Si bien es cierto que cada época juzga con su propia mirada, también lo es que rara vez acierta a juicio de quienes sobreviven de la anterior. 

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La ciencia ha descubierto en la propia ciencia la idea mágica del mundo que tanto se había empeñado en enterrar. Se denomina informática. Los espíritus y ocultas fuerzas que rigen el acontecer andan emboscados entre los bytes.

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Hubo un tiempo en el que la política producía acontecimientos, ahora hace bolos los fines de semana.

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No sé muy bien a qué se debe el hecho de que ya nadie invoque el dominio sobre la naturaleza como causa de algún desastre.

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El pensamiento sigue siendo una alfombra mágica que no encuentra un aparcamiento libre.