25 de julio, lunes. Lo que hay detrás de una lengua


En una tertulia que sigo los miércoles, uno de los sabios que la animan realiza una afirmación que me ha tenido en vilo una semana: «las grandes lenguas ya no generan identidades». En cierto modo es cierto. Pero hay algo que me impide otorgar la razón completa a la tesis. Siempre me ha llamado la atención el hecho de que, en EEUU, los emigrantes de origen hispanoamericano de ciertos países —no de todos—, les hablen sistemáticamente a sus hijos en inglés. Es algo que también he visto con frecuencia en mi ciudad, incluso entre hablantes de una de sus dos lenguas que les hablan a sus hijos en la otra. Le he dado vueltas al asunto y creo que el problema está en el contenido de la palabra «identidad», a la que suponemos el atributo «cultural», que es lo que se ha perdido. La «identidad» que otorgan las lenguas de prestigio en una sociedad es la del «estatus», es decir, la de «clase», eso que creíamos desaparecido, pero que, como tantas lacras del silgo XIX superadas, regresa vigorizada en el XXI. 

[Libro V, Epigrama XVII]